“Antes de que se me olvide”
“Antes de que se me olvide” es el título del libro en el que ex jugador de baloncesto Juanma López Iturriaga ( Bilbao, 1959) echa la vista atrás y realiza un entretenido, divertido y personal repaso de su vida.
Su carrera como deportista, desde sus inicios en el colegio, pasando por la conquista de la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Los Angeles en el año 1984 y relatos de aspectos personales de su vida, desde su infancia en Bilbao hasta la actualidad, pasando por su época de jugador del Real Madrid al que llegó con apenas 17 años como cuenta en el capítulo 12 donde irónicamente titula: “El fantasma llega a Madrid” y de la selección española y su paso profesional al mundo de los medios de comunicación. Actualmente es columnista del diario El País y tiene su blog y ha sido presentador de diversos programa de televisión.
Es un libro que a cualquier aficionado al deporte que le interese conocer más de cerca la vida de un deportista profesional de los años 80 le va a gustar y le va a hacer pasar un rato agradable con su lectura. Va a poder conocer detalles interesantes desde dentro, contadas de forma amena. a mí me ha hecho pasar muy buenos ratos y me ha ayudado a conocer un poco más a Juanma López Iturriaga, del que tenía un buen concepto, porque más allá de su cara divertida y bromista, desprende inteligencia y sentido común.
Pero el repaso no es únicamente desde el punto vista deportivo, abarca a la persona, y entre las páginas se descubre el Juanma más personal y autocrítico consigo mismo. Voy a resaltar un pasaje del libro que creo que merece la pena destacarlo. Resulta eslcarecedor el capítulo “30. Autocrítica final” donde Juanma realiza un duro análisis de lo que fue y pudo haber sido como deportista. En ella, se realiza preguntas que deberían servir para la reflexión de muchos deportistas profesionales y servir de enseñanza como él mismo comenta al final:
“ Catorce años de profesional. Noventa veces internacional. Medalla de plata olímpica en los juegos de Los Ángeles 84. Medalla de plata en el europeo de Nantes. Con el Madrid, dos copas de Europa, un recopa, una Copa Korac, dos copas intercontinentales, un Campeonato Mundial de Clubes, siete ligas y dos copas del rey. Único jugador que ha sido internacional en todaslas categorías, desde minibasket a la absoluta, pasando por infantil, juvenil y sub-23. Es un palmarés espectacular y decir otra cosa sería falsa modestia. Ahora bien, si en cuestiones colectivas no hay duda de lo difícil que habría sido hacerlo mejor, algo muy distinto ocurre con mi rendimiento individual. ¿ Fui todo lo bueno que podía haber sido? ¿Exprimí al máximo mi talento? La respuesta ya la conocía en Mayo de 1990, cuando anuncié mi retirada. Lo que me costó bastante tiempo fue poder explicar por qué.
[...] Pero está claro que no alcancé ni las metas ni los rendimientos individuales que apuntaba en mis tempranos comienzos. ¿Qué ocurrió?
Y preguntándome qué hacia diferentes a Gasol, Navarro, Jordan, Nadal, Epi, Fernando Martín, Raúl, Contador o Indurain entre otros, terminé cuestionándome por qué no estaba yo en esa reducida lista de ilustres, cuando creo que con mis condiciones naturales me lo habría permitido. Y llegué a varias conclusiones:
La primera es que me faltó autorresponsabilidad. El desarrollo profesional de una persona depende de ella misma y de su entorno, al igual que la motivación o el orgullo de pertenencia. Te viene de dentro y te llega fuera. No sé muy bien por qué motivo nacemos con cierta tendencia a considerar que lo bueno que nos ocurre es por nosotros y de lo malo tienen la culpa los demás. [...] Para mejorar, para rendir al máximo de tus capacidades, la autocrítica resulta fundamental. Si de tus errores, decepciones, o limitaciones responsabilizas a tu entorno, entrenador o equipo, compañeros o al frío que hace en el pabellón, es tremendamente complicado que pases a la acción para corregir algo. Al fin y al cabo no es tu culpa. [...] Y, mientras, esperas a que algo cambie, pasa el tiempo y sigues preguntándote que puede hacer tu equipo por tí y por qué no lo hace, en lugar de cuestionarte qué puedes hacer tú por el equipo y qué te impide hacerlo. En mi caso, fui demasiado pasivo y muy poco proactivo. [...]
La segunda cuestión es mucho más simple: dedicación. Cuando tenía catorce años conocí a Epi en una concentración para la selección juvenil. Nada apuntaba hacia lo que vino después, sino más bien al contrario, pues Epi no tenía excesiva facilidad para el juego. Era bastante rígido y, si bien ya mostraba grandes dosis de voluntad, cualquiera que hubiese apostado por una carrera más bien discreta habría tenido bastantes seguidores. Entre ellos, he de reconocerlo, yo mismo, la gran estrella de aquellas edades. Cualquier aficionado al deporte conoce la trayectoria de Epi, que llegó a convertirse en uno de los mejores jugadores europeos, si no el mejor. Individualmente, su trayectoria fue más larga, productiva y exitosa que la mía. Y si lo consiguío partiendo de unas condiciones naturales bastante peores fue porque su dedicación al baloncesto superó en kilómetros a la mía. A los catorce años a Epi se le pueso entre ceja y ceja que no iba a parar hasta ser el mejor. Entrenó y entrenó, vivió por y para el baloncesto, no se distrajo con nada, y, como buen maño, su cabeza dura hizo el resto. Mientras tanto, a seiscientos kilómetros de donde Epi se machacaba mañana, tarde y noche, mi vida era bien distinta. Estudié una carrera, viví la con intensidad la movida madrileña, intenté no pensar en el baloncesto más de lo necesario y me conformé con lo que iba consiguiendo. Son dos opciones vitales igual de respetables, ahora bien, cada una conduce a un sitio diferente. a de Epi a alcanzar objetivos más allá de lo previsible. La mía, a no alcanzar el pleno y total desarrollo de mis capacidades. Mereció la pena, pero me habría gustado saber de antemano dónde podía llevarme una cosa y dónde la otra para haber tenido la oportunidad de elegir de forma más consciente y madura.
La tercera y última conclusión tiene que ver con el conformismo y no deja de ser el resultado de las dos primeras. A falta de autorresponsabilidad y sin un enfoque único y exclusivo en mi carrera, lo que me proporcionaba el baloncesto me parecía suficiente. Vale, sentía que podía dar más de mí y que mis capacidades no estaban del todo explotadas pero, bueno, vivía en una zona de confort muy agradable. Jugaba en un gran equipo, ganaba mi dinerito, iba a la selección y en los momentos malos me reconfortaba criticando a los causantes de mi desgracia. A todos menos a mí mismo, claro. Esto fue así como os lo cuento. Sin acritud, que diría alguno. Simplemente como fría exposición ( y enseñanza, para el que quiera) transcurridos veinte años, de por qué un extraordinario talento natural como el que tenía no terminó de cuajar plenamente.”
Autorresponsabilidad, dedicación y conformismo. Tres factores por los que según él, no llegó a desarrollar al máximo todas sus capacidades como deportista. Una enseñanza muy útil para cualquier deportista, contada en primera persona.
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| Imprimir artículo | Este artículo fue publicado por Aritz Olagoi el 2 mayo, 2011 a las 9:14, y está archivado en Lectura recomendada. Sigue las respuestas a esta entrada a través de RSS 2.0. Puedes dejar un comentario o enviar un trackback desde tu propio sitio. |
